AÑO VIEJO, NAVIDAD NUEVA

AÑO VIEJO, NAVIDAD NUEVA

AÑO VIEJO, NAVIDAD NUEVA
La imaginación será la verdadera protagonista de estas navidades. Cualquier cosa sirve para que durante estas fechas podamos encontrar el modo de compartir entre todos que no estamos solos, y que nos queda mucho por celebrar.
Es sencillo imaginar que todos, absolutamente todos nosotros, deseamos que se acabe de una vez este año que ya está incrustado en nuestro calendario. Y no porque el primer día de Enero conlleve un cambio que difiera en absoluto con las complicaciones y la tristeza generada por esos meses. Pero, se quiera o no, supone el fin de un ciclo y el comienzo de otro (lo que transmuta en una especie de emulación de la celebración de los primeros ritos sobre el año nuevo, que ya eran comunes en la antigua Babilonia, aunque ellos lo festejasen a finales de marzo, mes que marcaba la llegada de la primavera y, por ende, la recogida de los cultivos). Significará pasar página a uno de los tiempos más temibles de nuestra historia reciente, renovando ánimos, para seguir peleando en una batalla que hoy se desarrolla cargada de esperanza.

Las terribles medidas que las autoridades están tomando para seguir ganando este combate, junto a la responsabilidad individual con las que debemos apoyarlas, nos obligarán a dejar de lado muchos momentos que pacientemente guardábamos para compartirlos en estas fechas. Se pospone el reencuentro con familiares, con amigos, con aquellos con los que compartiríamos las fiestas navideñas. Los horarios se alteran como si fuera tan sencillo ver cómo la vida se aleja.

La imaginación será la verdadera protagonista de estas navidades.

Porque habrá que encontrar modos de buscar la manera de expresar nuestro afecto. Tendremos que inventar fórmulas inéditas para no dejarnos atrás ningún abrazo. Los adornos, las postales, los regalos los detalles… Incluso los villancicos se pueden modificar y reescribir para que se hagan eco de nuestro corazón. Porque, contrariamente a lo que se cree, el villancico no es una música cuyo origen se deba situar en lo religioso. Es un canto que surgió en el siglo XIII, que se difundió por España en los siglos XV y XVI, y en sus inicios era una forma poética con la que registrar los hechos más importantes de la comarca. El villancico, como indica su propio nombre, es la canción de villa, con la que se tomaba registro de la vida cotidiana en pueblos y ciudades. Y eso siguió y sigue siendo.

Un ejemplo de ese uso del villancico como voz de lo que estaba sucediendo en determinado momento, lo encontramos en la propia historia de Viena Capellanes. En 1925, publicaron en diversos periódicos (como La voz) el siguiente villancico cuya melodía es fácilmente reconocible:
 
En el Portal de Belén
han pintado este letrero:
“Si el turrón no es de Viena
Capellanes, no lo quiero.”
Turrones y mazapanes
Y dulces de Navidad,
En Viena Capellanes
Todos los deben comprar.
Ande, ande, ande
La marimorena.
No hay pastelería
Mejor que la de Viena.”
 
Puede que no sean las fiestas que esperábamos. Pero eso nos brinda la oportunidad de recobrar la sorpresa. Cualquier cosa sirve para que durante estas fechas podamos encontrar el modo de compartir entre todos que no estamos solos, y que nos queda mucho por celebrar.
 
Ada Simón
Diciembre 2020

 

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