CUENTOS DE NAVIDAD

CUENTOS DE NAVIDAD

CUENTOS DE NAVIDAD
“El recuerdo, como una vela, brilla más en Navidad”. Un año se cierra, y otro se abre. Hay algo inevitablemente mágico en ese cambio de ciclo, en el que las esperanzas se rearman y se aplacan los desánimos. Es tiempo de estar con los que más amamos, de reencontrarnos con lo que somos y con lo que podemos llegar a ser.
Con independencia de la controversia sobre sus orígenes (algunos creen que viene de una festividad romana en honor a Saturno, mientras otros afirman que nació del corazón mismo del cristianismo), la Navidad, o las navidades por fijar su alcance, es la fecha más señalada en cualquier calendario común. Ya Charles Dickens en su inmortal relato sobre estas fechas en el extraordinario viaje sentimental que narraba las venturas y desventuras de Ebenezer Scrooge escribió que “el recuerdo, como una vela, brilla más en Navidad”. Un año se cierra, y otro se abre. Hay algo inevitablemente mágico en ese cambio de ciclo, en el que las esperanzas se rearman y se aplacan los desánimos. Es tiempo de estar con los que más amamos, de reencontrarnos con lo que somos y con lo que podemos llegar a ser.
 
Y de saborear lo que fuimos.
 
Por ejemplo: las cestas de Navidad hunden sus orígenes en pleno apogeo del Imperio Romano. Entre los, por aquel entonces, invencibles conquistadores existía la costumbre de que los patronos regalasen a sus subordinados una cesta con comida para su deleite. Aunque cabe añadir que dicha cesta, conocida como sportula, solía entregarse en diciembre, que como ya ha sido mencionado, era la época de festejar a Saturno, por lo que la mayoría acababa por servir de ofrenda al dios. No fue hasta mediados del siglo XIX cuando ese regalo pasó a formar parte de los hábitos de los funcionarios de las administraciones públicas, y así hasta nuestros días.
 
También para honrar a Saturno, los esclavos gustaban de preparar una torta con base de miel en la que se le introducía algunos frutos secos, dátiles e higos. Muy pronto se añadió una semilla de haba, consideraba como un símbolo próspero y de fertilidad, con el que se bendecía la fortuna de aquel que tuviese la suerte de encontrarla en su porción. ¿Suena familiar, verdad? Con los años y los siglos, la forma de la torta fue conformando un rosco, el cual, aderezado por los caprichos de algunos monarcas (en Francia, Luis XV introdujo como sorpresa en el roscón una moneda de oro y en España Felipe V hizo lo propio, aunque el oro desapareció de la ecuación) terminaría por ser conocido como rosco de reyes.
 
Desde las cestas de Navidad hasta los roscones de reyes, estas fechas están ligadas a la comida como nexo de celebración. Comidas de trabajo, cenas familiares o la repostería como la gran garante de lo especial de estos días son el máximo exponente de la singularidad de estas fechas. Y por ello, el más comprometido de los desafíos para empresas que como Viena Capellanes deben mimar su esmero para que nada falle en ese sentido en los grandes eventos que coronan este calendario de fiestas continuas. Y es de alabar su ímprobo esfuerzo para que uno pueda hacerse con la garantía de que en sus expertas y experimentadas ofertas, cada Navidad pueda alcanzar los visos de lo inolvidable.
 
Tabletas de turrón de chocolate con almendra, jijona y Alicante, alfajores, mazapanes,  polvorones, cajas de bombones o botellas de Möet Chandon son los grandes protagonistas de sus esmeradas cestas de Navidad, con presentaciones que rivalizan con las cada vez más sofisticadas decoraciones propias de estos días. Cenas y comidas se suceden, y si uno quiere sorprender a comensales y familiares, nada mejor que prestar atención a sus menús ya preparados, que además de librarnos de complejísimas elaboraciones, son irresistibles ensalmos para nuestro paladar: tartar de salmón ahumado, ensalada de mozzarella trufada, gratén de vieiras, verduras y almendras, salpicón templado de pulpo, rape estofado con boletus, guarnición de mousse de patata, solomillo ibérico con crema de Idiazabal, ternera blanca asada con salsa española, solomillo de ternera con boletus, jarrete de ternera con foie, pularda rellena de foie-gras al horno, confit de pato con salsa de uva y vino Pedro Ximenez… Tradición y nueva cocina hermanadas para llenar nuestra mesa con irresistibles agasajos para con todos aquellos con los que deseamos celebrar la Navidad.

Y por supuesto, sus ya míticos roscones de reyes, que en un esfuerzo realmente singular para no caer en la unificadora e insípida masificación que suele conllevar aquello que solo se prepara en determinadas fechas, son elaborados a miles con el mismo esmero con el que se haría si tan sólo solo se hicieran unas pocas unidades. Una de esas especialidades con las que Viena ha ido labrando un sello identitario, al que se suma una arrolladora popularidad entre los consumidores que año tras año siguen eligiendo esos roscones para poner el dulce broche de oro a las navidades.
 
Un clásico para clásicos.
 
No dudemos, pues, en aparcar las obligaciones, los desánimos, los humores cambiantes de estos tiempos tan complicados en los que vivimos, y celebremos como realmente se merecen estas fechas. Y tratemos de hacernos eco de ese espíritu con el que el ya mencionado Charles Dickens establecía sus propósitos para las navidades, no como escritor, sino como ser humano:
 
“Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año”.
 
Ada Simón Ruiz

 

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