DULCES CELEBRACIONES: INTERCAMBIO DE SABORES....

DULCES CELEBRACIONES: INTERCAMBIO DE SABORES....

DULCES CELEBRACIONES: INTERCAMBIO DE SABORES....
Ahora que tanto se habla de mestizaje, de que más que cocinar se deconstruye, se perpetra o se esquematiza, vale la pena recordar que la actual repostería no se entendería sin ese encuentro, que favoreció el intercambio de sabores y modos de prepararlos.
A veces resulta complicado abrirse paso entre la amalgama de polémicas y reclamos ideológicos en torno a ciertas fechas, hasta el punto de que terminan por ser prácticamente irreconocibles, apagadas por la inclemencia de los vaivenes de la historia. Salvando cualquier atisbo de discusiones, el 12 de octubre conmemora la llegada de Colón a América, resultado de una extraordinaria travesía oceánica con la que se delineaba el primer vaso comunicante entre dos continentes, y que se convertiría en un flujo bidireccional que recorrería un crisol de culturas. Ahora que tanto se habla de mestizaje, de que más que cocinar se deconstruye, se perpetra o se esquematiza, vale la pena recordar que la actual repostería no se entendería sin ese encuentro, que favoreció el intercambio de sabores y modos de prepararlos.

Es una historia que comenzó hace mucho tiempo.

Quizás el protagonista más reconocible de ese relato sea el chocolate.

Aunque no haya acuerdo sobre si su origen es mexicano o brasileño, fueron los españoles que iban llegando a ese otro confín de la tierra los que tuvieron noticia de aquel preparado de cacao con flores secas molidas (conocido como xochayo-cacaua-atl), o un brebaje del que, al parecer, incluso gustaba Moctezuma, hecho de cacao con chile y agua (llamada chil-cacau-atl). La receta no tardó en arribar a nuestras costas, generando una deliciosa combinación, ya que tanto mayas como aztecas consumían el chocolate sin endulzarlo, por lo que nada más pisar el “viejo continente”, la semilla fue mezclada con miel o con azúcar, pasando de estado líquido a sólido, hasta convertirse en uno de los alimentos más populares del mundo cuando, a finales del siglo XIX, la todopoderosa industria estadounidense comenzó a comercializar las barras o barritas de chocolate que tan habituales y familiares nos resultan hoy en día. Cabe reseñar como curiosidad que esa receta ha retomado sus orígenes, y actualmente el chocolate también se vende prácticamente puro, tal y como se consumía en la época en la que se conoció.

Es una obviedad señalar que el chocolate y Viena Capellanes, ya sea por su condición de confitería o como cafetería, tenían que recorrer muy juntos esa vereda de la historia, aunque sí se debe destacar que esa relación se ha ido perfeccionado con los años, al punto de que incluso se han impartido cursos de chocolate, a cargo de prestigiosos maestros pasteleros como Francisco Somoza, tan solo para ofrecer una más que variopinta excelencia de las posibilidades del chocolate. Y, como no, ha desarrollado su propia receta de chocolate a la taza, de la mano de su maestro pastelero, que nada tiene que envidiar a las que hacían las delicias de los reyes aztecas y mayas.

El dulce de leche también llegó de América, si bien varios países europeos también se adjudican su origen. Aunque con esa idiosincrasia tan propia, los argentinos llegan incluso a señalar fecha y momento de esa creación: 24 de junio de 1829. Según recoge en su libro “La comida en la historia argentina” Daniel Balmaceda: "Durante el Pacto de Cañuelas (1829), un acuerdo entre el gobernador de la provincia de Buenos Aires en ese entonces, Juan Manuel de Rosas, y su opositor, el general Juan Lavalle, (para detener la guerra civil en el país), la cocinera de Rosas se distrajo y dejó la leche en el fuego y se formó el dulce de leche". A eso se le llama precisión histórica....

Sorprende la cantidad de recetas que ya sea a un lado o a otro del océano Atlántico comparten el mismo nombre: piononos o alfajores son tan comunes aquí como allende el Atlántico. O que postres como el arroz con leche tengan sus raíces en culturas donde dicho grano sea parte fundamental de la dieta diaria. O que sabores ahora tan familiares como el mango o la papaya formen ya parte del repertorio con el que lo más reputado confiteros tratan de lograr, como es el caso de Viena Capellanes, que nuestra repostería alcance nuevas cotas de excelencia, como lo es su Tarta de la Hispanidad, con una base de bizcocho con el corazón de una crema de fruta de la pasión y coulis de frambuesa, añadiendo una capa de mousse de arroz con leche, y ya que estamos, poder celebrar como se merece, nuestra condición de golosos, que es lo que realmente importa.
 
Ada Simón

 

Comentarios (0)

Deja tu comentario

Respuesta a
CAPTCHA Image
Play CAPTCHA Audio
Refresca la imagen