LA HORA COMÚN

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Quizás no se pueda decir que la historia se repite, pero sí que a veces se le parece mucho. ... Y es muy gratificante saber que algunas empresas apuestan por esa solidaridad.
La historia a veces no se repite.
 
Pero puede parecerse al punto de ser una gemela.
 
Madrid (y España en general) ya sufrió otra aterradora pandemia como la que nos está tocando sufrir. Era 1918. Y tan solo en nuestro país, ocho millones de personas se vieron afectadas, y se superó la cifra de 300.000 víctimas mortales. La conocida como “gripe española” se convirtió en la epidemia más letal de la historia. Hay que decir que ese nombre dista mucho de reflejar una realidad concreta. Aunque a veces es complicado establecer los orígenes de estas pandemias, es un dato bien conocido que la mayoría de estudios sitúan los primeros casos en la base militar de Fort Riley en Kansas, Estados Unidos, en el mes de marzo de 1918. Y si se empezó a acuñar el término de “gripe española” fue porque nuestro país no se hallaba inmerso en la Primera Guerra Mundial (que terminaría en noviembre de ese mismo año), así que aquí no hubo censura alguna al respecto de esas muertes, y los datos se hicieron públicos tan pronto como se produjeron los contagios. En mayo, pareció remitir su virulencia. Pero en noviembre de ese mismo año, regresó y diezmó a la población allí por donde pasó, dejando un saldo de cincuenta millones de muertos (una cifra solo aproximada porque en aquel entonces no existían organizaciones como la OMS que llevaran un registro, por no mencionar que la guerra también seguía llenando cementerios).
 
Más de cien años después, las medidas que se tomaron en Madrid tienen un eco aterradoramente inquietante en nuestra actualidad: desinfección constante de teatros, cafés, iglesias, escuelas o cualquier otro local público que pudiera permanecer abierto o que estuviese ya cerrado, y lo mismo con viajeros, equipajes, mercancías y vagones de ferrocarril y tranvía; desinfección de toda la correspondencia que se entregaba; aislamiento de los enfermos en lugares habilitados para su cuidado específico; baldeo diario de las vías públicas, como también de las aceras, del centro de la calle y de las alcantarillas; instalación en los edificios del Congreso y del Senado de aparatos de constante desinfección…
 
Y lo que tanto entonces como ahora parecía imposible, se logró.
 
Y se venció a la epidemia.
 
Evidentemente, siendo Viena Capellanes una empresa con casi 150 años de experiencia, también se vio implicada en todo ese desastre. Con Manuel Lence ya al cargo de la empresa, (tras el paso de la familia Baroja, para 1919 contaba con cinco hornos, seis obradores y nueve tiendas) Viena Capellanes no se limitó a cumplir a rajatabla las directrices que se dieron en su momento. El anuncio de “El Figaro” del 29 de octubre de 1918 que aquí reproducimos pone de manifiesto la preocupación de Manuel Lence por anteponer siempre sus criterios de calidad e higiene en un momento tan delicado, no sólo en los productos que vendía, sino también en los lugares donde se preparaban.
 
Aunque no fue su única muestra de compromiso con la sociedad en la que le tocó vivir. Apenas un par de años después de tan desolador drama, Manuel Lence se encargó de levantar en Galicia, concretamente en Miranda, su pueblo natal, las “Escuelas de San Antonio”, costeando tanto su construcción como los materiales que necesitasen sus alumnos, que hasta ese momento no habían tenido el menor acceso a la educación a causa de los lejos que se hallaban los colegios.
 
Lo dicho. Quizás no se pueda decir que la historia se repite, pero sí que a veces se le parece mucho.
 
Y en estos momentos, esa política responsable y consciente de la gravedad del momento, pone de nuevo a Viena Capellanes al frente de cuanta iniciativa sirva de ayuda para combatir las muchas carencias que este obligado confinamiento puede conllevar. En palabras del actual director de la empresa, Antonio Lence: “Estamos convencidos de que la solidaridad es contagiosa” Prueba de ello es que la cadena, con la colaboración de numerosas personas y empresas que apoyan su iniciativa, está dando de comer de forma gratuita a los profesionales sanitarios que combaten el coronavirus en el Hospital de Campaña de IFEMA y en otros Hospitales y centros de actividad durante la pandemia, o repartiendo un menú saludable y variado a los niños de 801 hogares con RMI (Renta Mínima de Inserción), cumpliendo con las recomendaciones nutritivas que desde la propia Comunidad de Madrid se da a las familias. Con ello se suma a la iniciativa realizada por la Comunidad de Madrid para repartir más de doce mil menús entre los alumnos que se benefician del precio reducido y, por tanto, en situación de vulnerabilidad y está operando ya en 74 núcleos rurales que se habían visto prácticamente aislados por las drásticas y necesarias medidas tomadas por el gobierno, lo que requiere 6 rutas de reparto con más de 1.300 kilómetros de recorrido diarias.
 
Lo que haga falta, y por qué no, un poquito más, para lograr que podamos luchar juntos contra este aterrador momento que nos ha tocado vivir, y que nos obliga a todos a ser parte activa de la solución, empezando por respetar las recomendaciones de las autoridades sanitarias de permanecer confinados. De nuevo las propias palabras de Antonio Lence nos recuerdan lo vital de nuestra responsabilidad: "Tenemos una enfermedad encima que es supercontagiosa, estamos en momentos dramáticos y no acabamos más que de empezar
 
Podemos pensar que esto es algo que solo concierne a las autoridades.
 
Nada más lejos de la realidad.
 
Como proclamó Al Pacino en “Un Domingo cualquiera”: “O nos curamos ahora como equipo o moriremos como individuos”.
 
Y es muy gratificante saber que algunas empresas apuestan por esa solidaridad.
Ada Simón

 

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