No hay nada más democrático que el pan

No hay nada más democrático que el pan

No hay nada más democrático que el pan
​Viena Capellanes tenía, y tiene, a sus clientes distribuidos en todas las clases sociales porque el sabor y el buen gusto no son patrimonio de nadie.
En 1913 aparecía una inserción en los periódicos madrileños relativa a un juicio que Viena Capellanes había tenido con otra empresa más reciente que quería impedir que utilizaran las denominaciones “Viena”, “pan de Viena”, y “Viena Capellanes” alegando que no podían usarlos porque ellos lo habían registrado. El anuncio ocultaba elegantemente los nombres del empresario demandante incluyendo solo las siglas de su nombre. Hoy sabemos que se trata de Miguel Lacasa, uno de los herederos de Matías Lacasa, quien patentara el pan de Viena en España con la obtención de lo que se denominaba entonces “privilegio de invención”.

Los periódicos en los que apareció la notificación fueron El Imparcial, El liberal y El Heraldo. El primero es el más antiguo de ellos. Nacido en 1867 con un marcado tono antiborbónico, tenía un público eminentemente burgués. Pocos años después de su fundación, en 1879, algunos de sus colaboradores se desgajaron de la línea editorial y crearon su propio periódico, El liberal, dirigido a un público obrero o, a lo sumo, pequeño burgués. Mucho más radical fue El Heraldo, que en 1890 tenía una ideología radical y republicana mucho más a la izquierda que los dos anteriores y que contaba con un público obrero principalmente. Todos ellos se distribuían en Madrid y podían ser adquiridos por suscripción o en la calle por números sueltos. Llama la atención que con un público tan variado, en 1906, se unieran para crear la Sociedad Editorial de España, más conocida entonces como el Trust. La razón de dicha unión, en la que participaron otros periódicos debe estar en la gran competencia que había a finales del XIX y principios del XX, con más de 300 periódicos circulando por el país. A pesar del esfuerzo, la Sociedad duró tan sólo 10 años, ya que en 1916, El Imparcial se desgajó del grupo.

Lo que nos interesa destacar aquí es que en 1913, a pesar de la constitución de la Sociedad Editorial de España, los distintos periódicos que lo componían mantenían sus propias líneas editoriales y a su público fiel: burguesía, pequeña burguesía y trabajadores. Todo el espectro social se sentía representado por estos periódicos y se levantaba o se iba a dormir (pues El Heraldo era vespertino) con las noticias frescas de estas publicaciones. Siendo el pan el alimento de más consumo en España, podemos apostar que buena parte de ellos leía la prensa mientras desayunaba (o cenaba) acompañándose de un buen pan de viena. Por eso Viena Capellanes, sabedora de lo variopinto del público lector, eligió a este grupo editorial para contratar la inserción de la notificación del fallo judicial a favor de la Empresa cuando se puso en duda su derecho a utilizar la denominación en el nombre de la casa.

Como señalara el juez en su momento, y nos consta porque el archivo histórico de la empresa cuenta con la resolución de la demanda, el pan de Viena se había popularizado y no eran ya solo los herederos de Lacasa quienes lo fabricaban en Madrid. Esto implicaba que el término Viena podía ser indistintamente utilizado por unos y otros. Lo que marcaba la diferencia, según las propias palabras del juez era el sello que cada una de ellas imprimía a sus tiendas “el estilo modernista inglés de las fachadas o portadas de estos como la instalación de adornos, alegorías y dibujos…”. El pan, era el mismo en todas partes, lo que lo hacía diferente era el estilo de las tiendas según el juez a lo que se sumaba, como se dejó constancia en la prensa, el que Viena Capellanes envolviera delicadamente cada una de las piezas con un papel de seda en el que aparecían las siglas P.V.C con el fin de mantenerlo en las mejores condiciones higiénicas posibles durante su almacenamiento y traslado.

Viena Capellanes tenía, y tiene, a sus clientes distribuidos en todas las clases sociales porque el sabor y el buen gusto no son patrimonio de nadie.
                                                   

 

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