REMEMBRANZAS DEL FUTURO

REMEMBRANZAS DEL FUTURO

REMEMBRANZAS DEL FUTURO
Viena Capellanes, como siempre en su historia, está abordando el desafío digital con la impronta de su ADN, porque la innovación siempre ha sido marca de la casa. Visión de futuro: Ofrecer lo que los demás no se atrevían a ofertar.
A pesar de vivir en la conocida como “era de la información” no deja de ser curioso que se nos inunde de términos que no siempre son tan sencillos de comprender. Actualmente, y acelerado el proceso por las despiadadas consecuencias de la pandemia, no para de hablarse de la necesidad absoluta de acometer cuanto antes la “transición digital”, aunque no pocas veces se cae en cierta simpleza a la hora de abordar lo que muchos consideran una nueva Revolución Industrial (incluso estudios como el realizado por la Universidad de Valencia ya la conocen como “Revolución Industrial 4.02”). Las empresas se enfrentan a un reto sin precedentes en su paso hacia lo digital.
 
Durante el período de confinamiento, ha habido empresas que no sin grandes esfuerzos han podido garantizar la continuidad de su negocio, en la medida en que fueron capaces de adaptar sus métodos de trabajo para el acceso remoto a sus equipos, aplicaciones y sistemas de almacenamiento.  
 
Pero la “transición digital” no se limita únicamente al teletrabajo; se extiende a la totalidad de las actividades de la empresa y debe consistir en una evolución de la empresa en sí y no un cambio radical que la desdibuje hasta hacerla irreconocibles.
 
Las tradiciones se marchitan, las modas se ajan, nada envejece tan rápido como la novedad. Y es que, por muy paradójico que parezca, lo único realmente inmutable es que estamos abocados a transformarnos continuamente. Y no hacerlo, es casi sinónimo de desastre.
 
Viena Capellanes, como siempre en su historia, está abordando el desafío digital con la impronta de su ADN, porque la innovación siempre ha sido marca de la casa.
 
Ya en 1873, Matías Lacasa obtuvo el privilegio de invención otorgado por la Oficina de Patentes (entonces conocida como Real Conservatorio de Artes), que le confería la exclusiva de la fabricación del pan de Viena en Madrid durante diez años. La introducción de este tipo de pan, que el industrial había conocido en la capital austriaca durante una visita que hizo a la Exposición Universal, suponía una novedad en España. Se trataba de un pan más fino que el candeal, que era el de consumo habitual, y pronto se convirtió en un “pan de lujo” que tuvo gran aceptación.
 
Visión de futuro: Ofrecer lo que los demás no se atrevían a ofertar.
 
Cuando Manuel Lence compró el negocio, se evidenció como un más que sagaz empresario al que no asustaba el emprender arriesgadas iniciativas, como la de subarrendar algunas de las tiendas, adelantándose en muchos años al negocio de las actuales franquicias. Fue Viena quien puso en el mercado panes especiales para enfermos y diabéticos, y chocolates exclusivos, y café, fiambres y toda una gama de pastelería que se convirtió en protagonista de los famosos salones de té y del Café Viena, abiertos en 1929. Para ese entonces, la empresa ya contaba con 16 sucursales y con coches (incluso su ya mítico autogiro) con los que realizaba el reparto a domicilio. Y eran proveedores de la mismísima Casa Real.
 
Dos guerras mundiales y una civil (con una postguerra demencial donde volver a construir un país asolado) pusieron en jaque todo su entramado empresarial. Pero una vez más no estaban absortos en lo inmediato, y seguían con su rumbo apuntando directamente al futuro.
 
Y los logros no tardaron en coronar ese propósito.
 
En los 50, con el país resurgiendo de sus escombros, implementaron su producción de “sándwiches”, adelantándose las costumbres que vendrían, para facilitar una comida exquisita y saludable a aquellos trabajadores a los que la hora del almuerzo los pillaba lejos su hogar. En los 60 apostaron abiertamente por la repostería, convirtiéndose desde entonces en un referente de la gastronomía madrileña. De una constancia admirable, han ido adecuando sus locales a los tiempos que corrían, y las decoraciones oscilan entre el respeto al clasicismo hasta el diseño más moderno. También con preclara osadía, previendo que los tiempos cambiarían nuestros hábitos a la hora de comer, apostaron por los “Córner Viena”, un nuevo concepto comercial al servicio de que las empresas que necesitan facilitar a sus empleados un servicio de comidas lo más cercanos posible (a ser posible en el mismo centro de trabajo) y poner a su alcance una amplia gama de productos sanos y naturales, y que en la actualidad ya cuenta con más de 70 puntos de venta.
 
Y en estos momentos, solidificando las bases para esa “transición digital”, uno puede, entrar, por ejemplo, a la página de Viena Capellanes de Facebook, e inmediatamente encontrar, a modo de sonrisa y bienvenida, un pequeño cuadro de diálogo se abre y nos ofrece una serie de posibilidades predeterminadas a elegir para hacer mucho más fáciles nuestras decisiones. Porque, y esto se debe subrayar, no importa que todo se vuelva digital, que todo sean ceros y unos. Al final de esta necesaria evolución, siempre debe prevalecer y hacerse notar esa cercanía, esa empática muestra de honestidad y afecto por los clientes. Y para dar el mejor servicio a sus clientes, Internet se ha hecho cada vez más imprescindible para ofrecer sus servicios y productos, tanto mediante su completa web de venta online “Viena Online” para pedidos de catering y a domicilio, como para el envío o recogida exprés en el día con su APP Viena Go.
 
Y la honestidad y afecto por los clientes (aunque la relación sea a través de un equipo informático…) es algo que ni el presente convulso ni el futuro incierto podrán cambiar, porqué forma parte de la esencia de Viena Capellanes.
Ada Simón
Agosto 2020

 

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