Viejas postales

Viejas postales

Viejas postales
Las viejas postales dicen mucho de lo que se valoraba antaño y de lo que se quería compartir con los que estaban ausentes.
Esta imagen que aquí mostramos pertenece a una de las más antiguas sucursales de Viena Capellanes. No podemos precisar con toda certeza si se trata de la sucursal de Marqués de Urquijo o de la de Mendizábal. Tampoco tenemos claro del año concreto en el que fue realizada, aunque, por indicios que proporciona la forma de presentación del reverso de la postal, sabemos que fue realizada entre 1910 y 1920.
 
Si observamos la imagen contemplamos el interior de una elegante tienda en la que la decoración está cuidada al límite. Al fondo aparece un gran fresco en el que se representa una imagen bucólica de una escena pastoril. Unas campesinas posan relajadamente junto a lo que parece un cántaro de leche. Su imagen proporciona una sensación de paz y de bienestar que animan a hacer un alto en el camino para reflexionar sobre las cosas importantes de la vida.
 
Igualmente cuidado es el zócalo que rodea el salón. Realizado con mosaicos de estilo morisco, refleja el gusto de la época en la que, con frecuencia, los locales comerciales aparecían decorados con azulejos de Manises, Sevilla y Talavera y de los que quedan algunos vestigios todavía en Madrid en Los Gabrieles, en la calle Echegaray o en la fachada de Villa Rosa, en la plaza de Santa Ana. Típicos de aquellos años eran también los cristales pintados como el de Casa Triunfo y de los que Viena Capellanes conserva algún recuerdo en la fachada de la actual sucursal de la calle Goya.
 
Acorde con esta imagen de prosperidad y de esmerado cuidado es la de las dos mujeres que posan detrás del mostrador. Sus peinados, su vestimenta, su actitud, reflejan seguridad y confianza en los resultados de su buen hacer.
 
Si nos acercamos un poco más y escrutamos el rostro del caballero que aparece en la penumbra, como no queriendo verse involucrado en la foto, descubrimos un rostro familiar. Se trata, casi sin lugar a dudas, de Pío Baroja. Las dos mujeres deben ser su hermana Carmen Baroja Nessi y, la de mayor edad, Juana Nessi, la tía de ambos, propietaria del negocio y que, a la muerte de su marido, hizo llamar a sus sobrinos para que la ayudaran con la Empresa que, por aquellos años, ya contaba con varios hornos y sucursales repartidas por todo Madrid.
 
Nos llama la atención el mimo con que se prepara la imagen para su difusión y también el esfuerzo de Don Pio por no aparecer en la foto. Para la década de los 10, Pío Baroja ya tenía por detrás una considerable obra literaria y estaba pensando en dejar la Empresa. Cansado de los problemas que, a pesar de la imagen bucólica que ofrece la imagen, daba gestionar un negocio de esas características, en el que el pan -un alimento de primera necesidad en unos años convulsos en la Historia de España- era muchas veces motivo de motines de hambre; cansado de las presiones de los sindicatos y de las restricciones del Ayuntamiento y, cansado, sobre todo, de no poder dedicarse en cuerpo y alma a la literatura, pocos años después de esta foto, vendió el negocio a Manuel Lence y se retiró completamente tras las bambalinas del mundo empresarial. Esta imagen, que pertenece al archivo histórico de Viena Capellanes es, por tanto, un testimonio casi único de su paso por el mundo empresarial y muestra, elocuentemente, su deseo de pasar desapercibido en esta faceta de su vida aún a pesar de que, con indudable orgullo, mandó realizar la postal y no se pudo resistir a salir en ella, así fuera en la penumbra.

 

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