Tal año como hoy... en 1914

Tal año como hoy... en 1914

Tal año como hoy... en 1914
Es inevitable, al dejar atrás un año e iniciar uno nuevo, realizar el ejercicio de echar una mirada retrospectiva y hacer recuento de los logros y fracasos y de hacer propuestas para el venidero. Con frecuencia sentimos la necesidad de situarnos ante un espejo para ver quiénes somos, hasta donde hemos llegado y cual es nuestra posición en la vida.
Los que ya no somos tan jóvenes podemos hacer este mismo ejercicio recorriendo ya algunas décadas ¿Dónde estábamos hace 10 años y a dónde queríamos llegar?, ¿Y hace 20…? Pero pocos son los que pueden permitirse el lujo de hacerlo por centurias. Viena Capellanes sí que puede, y hemos realizado el ejercicio junto a ella, rastreando una vez más en nuestros archivos, para descubrir o recordar cosas de su pasado. Así, hemos realizado una búsqueda simple, un rastreo inicial, para preguntarnos ¿qué estaba pasando en la Empresa hace 100 años?
 
De este primer rastreo nos han salido tres hitos importantes:
 
En 1914 deja de venderse el pan candeal por peso y comienza a venderse por piezas. Decisiones como esta tendrán gran repercusión, no sólo en Viena Capellanes, sino en las panaderías de todo el país, pues todavia se vivían motines de corte antiguo, provocados por la más mínima subida del pan, que producía la movilización de los sectores más populares, sobre todo de las mujeres.
 
En ese mismo año, Viena Capellanes firmaba un contrato de suministro con la Compañía Madrileña de Alumbrado y Calefacción con gas. Todavía se convivirá con el carbón durante décadas, pero también hacía entonces su irrupción la energía eléctrica, que vino a sustituir a los animales en el transporte y en el trabajo. De esa época es la anécdota relatada por Pío Baroja, en la que contaba como los funcionarios municipales les habían denegado la licencia de apertura del nuevo obrador, alegando que no había espacio habilitado para alojar a las mulas que debían trabajar en la molienda. Por mucho que Don Pío intentó explicarles que no pensaban utilizar mulas sino maquinaria moderna, que funcionaba con electricidad, los funcionarios negaron la apertura, pues en sus informes no constaba esa posibilidad.
 
Otro hito para la empresa en 1914 fue la patente de la fabricación del pan de gluten para diabéticos a nombre de Ricardo Baroja. El pan tuvo tanto éxito, que se envasaba en cajas de 12 panecillos, que costaban 2 pesetas, o de 24 tostadas, que costaban 3 pesetas. Interesante destacar que, por primera vez, los productos se expendían envueltos en finos papeles de seda, en los que se detallaban los ingredientes de cada uno de ellos. Así, lo que muchas décadas después será obligado para todos los productos, para ellos, en 1914, era una garantía de calidad que la empresa ofrecía de forma espontánea. Por otra parte, su envasado les permitió la “globalización” de la producción, puesto que habilitaron agentes comerciales que distribuían el pan en el País Vasco, en Asturias, en Barcelona y en Andalucía.
 
Mirando hacia atrás, comprendemos por qué la firma ha gozado de tan buena salud desde entonces y estamos seguros de que sus actuales propietarios, si pudieran sentarse a tomar un café con Pío Baroja o con Manuel Lence, coincidirían con ellos en que la conjunción de tradición y modernidad es un distintivo de todo lo que hacen. Así querían que fuera hace cien años y así querrán sus descendientes que lo sea dentro de otros cien.

 

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